sábado, 11 de octubre de 2014

Otra vez tú

  
Prado de Poesía para Amarneciendo
                                                                      
al poeta Francisco Barrero Pastor

Otra vez tú, solitario de la poesía
otra vez tus verbos en el cajón del
recuerdo, ella te recordó en la
noche de los tiempos perdidos.
velador angélico de la poesía
cognoscitiva y del fuego sagrado,
velador perenne de los ritmos
subjetivos, velador lejano de tus
bautismos mastábicos. Pastor del Conocimiento Absoluto, Barrero
cuidadoso de los amores
conscientes e inconscientes. Pastor
definitivo de tus bautismos.

"Traedme a Miguel Ángel"- fue tu
último recuerdo mastábico.

Los amantes se amaban a tu 
alrededor. Y una vez, la musa, te prefirió a ti entre todos.


Madrid. 25 de julio 1989


Poema: Miguel Ángel Andés, del libro "Grupo Prado de Poesía. Libro primero"
Fotografía: Portada del libro "Grupo Prado de Poesía. Libro primero"


Contacto: amarneciendo@gmail.com

miércoles, 8 de octubre de 2014

Abismaluz (IV)


muchacha 81 para Amarneciendo

IV

relámpago, casualidad de iris
no ya saber que encuentra:
incorporación terrena
luz y sombra de improviso


Poesía: Miguel Ángel Andés (Abismaluz 1971, primeras poesías)
Dibujo: Miguel Ángel Andés ("serie muchachas" Cuaderno nº14, 1981-82)

Contacto: amarneciendo@gmail.com

domingo, 5 de octubre de 2014

Colaboraciones



18 enero para Amarneciendo


Es de rigor hacer presentaciones y dar explicaciones sobre las entradas de los dos últimos fines de semana. La verdad es que es un placer enorme ver cómo este proyecto va creciendo con el tiempo. Sin prisa pero sin pausa, en menos de un año hemos publicado más de ochenta entradas, y cada una ellas ha sido un descubrimiento delicioso; y estas dos, más si cabe.

El pasado 20 de septiembre, Guillermo Álvarez nos obsequió (más al estilo cortaziano que borgiano, no sabría distinguir) con un maravilloso relato-semblanza de nuestro artista, Miguel Ángel Andés. Hemos hablado de Guillermo en posts anteriores y ya conté la enorme alegría que supuso nuestro reencuentro hace casi un año. Desde entonces, nos hemos vuelto a reunir en varias ocasiones, las últimas con motivo de sendas visitas de Rita a Madrid. Incluso, tenemos una foto de los tres, publicada en el post de junio conmemorativo de la exposición que organizamos el 18 de enero, y que es la que encabeza la entrada de hoy.  


Guillermo no es solo nuestra mejor fuente de información en todo lo que se refiere a la juventud y la primera etapa artística de Miguel (Miki, como le llama él), sino que también es un tipo formidable con una categoría humana de mucha altura y con una vida realmente intensa y llena de experiencias. Nuestros encuentros con él (y con su pareja, Cruz) han sido realmente deliciosos e enriquecedores en muchos sentidos, pero sobre todo por la gran sintonía de pensamientos e ideales, más allá de las geniales historias sobre Miki o sobre el barrio de Lavapiés que nos hayan podido relatar. Además, no hay que olvidar que Guillermo fue, al igual que Miguel, miembro de Mastabas y del Grupo Prado de Poesía. Desde nuestro primer encuentro, Rita y yo supimos que no podría haber mejor colaborador que Guillermo para nuestro proyecto de difundir el legado de Miguel Ángel Andés; y el relato de hace quince días ha venido a confirmar nuestras expectativas. Un verdadero lujo..., genial.

El domingo pasado publicamos un poema de Luis Miguel Uriarte y, en verdad, fue también un enorme placer y una gratísima sorpresa cuando me contó que en su tercer poemario, el cual acaba de publicar, había incluido una poesía dedicada a mi tío Miguel Ángel


A Luismi le conozco de hace ya muchos años; es mi cuñado, el hermano de Maite, mi mujer, y hay que añadir que también, como Guillermo, un poeta singular. Sin contar que no hay muchos ingenieros dedicados a la poesía, Luismi es de esos poetas que, como Miguel, ha buscado sus propios caminos líricos, un poeta que resulta difícil encuadrar en un movimiento o estilo concreto, que no gusta de venderse, que va por libre..., y a mucha honra. Su tercer poemario iba a ser presentado el pasado viernes, pero por circunstancias personales el acto ha sido pospuesto. Por lo tanto, puedo afirmar que estamos casi ante una primicia: después de “Como flores en un laberinto” (1996) y “Antes del recuerdo” (2008), Luis Miguel se lanza a una nueva aventura editorial con “Por caminos inciertos”, un libro que intenta resumir su trayectoria poética hasta hoy, y que ya está a la venta.



 

Luis Miguel para Amarneciendo

 
Pero son otras muchas personas las que, directa o indirectamente, han colaborado y siguen colaborando con este blog. No puedo olvidarme de mi estimada Eva, amiga y pareja de uno de mis mejores amigos, de esos de toda la vida, mi maestro, Don Antonio. Sus comentarios en el blog son siempre bienvenidos, pero su última iniciativa de crear una entrada en la Wikipedia sobre Miguel ha sido todo un detallazo. Además, hay que decir que Eva y Antonio tienen una de las librerías de lance más espectacular de Madrid. En pleno Rastro, pero también en Internet, El Elefante del Rastro lleva más de diez años vendiendo tesoros, como ellos mismos denominan a sus libros, entre los que, por supuesto, se puede encontrar el poemario antológico de Miguel, el tercer libro del Grupo Prado de Poesía, del que ya hemos hablado en este blog.

 

Elefante para Amarneciendo



Me dejo algunos nombres para futuros posts, porque como dice Rita de su propio blog: esta es una casa con las puertas abiertas, y esperamos que más amigos y admiradores de la obra de Miguel Ángel Andés vayan entrando en ella y dejando también un poco de su arte o de su amor por él.



Contacto: amarneciendo@gmail.com

miércoles, 1 de octubre de 2014

Amarneciendo (IV)


azul devorante para Amarneciendo

IV

Faltaría alcanzar el alto vuelo,
ríos de altura
el espacio sin fin,
mares del azul devorante
nuestro haber sido, hábitos
ya de luz, ya de sombra.
Vinimos invenientes.
Sitiémonos prehombre
por todas partes,
amarnecientes...


Poema: Miguel Ángel Andés  (Amarneciendo 1978)
Dibujo: Miguel Ángel Andés (1975, cedido por Guillermo Álvarez para Amarneciendo)


Contacto: amarneciendo@gmail.com

domingo, 28 de septiembre de 2014

Amarneciendo (una forma de olvido)


Embalse de Santillana para Amarneciendo



AMARNECIENDO
(UNA FORMA DE OLVIDO)


La playa es un lienzo
cuyos colores han devenido en sonidos
agudizados por el sol más ardiente;
áspero graznido de gaviotas que juegan
a romper horizontes,
rumoroso batir de olas
sobre la playa virgen,
clamor del viento
percibido en cada poro de tu salada piel.

Y hasta aquí
lo que me procura el momento:
sensibilidad conformada,
emoción que razona consigo misma.

Pero no,
porque aún se me concede más:
percibir la frontera imposible de cielo y océano,
la línea que no separa ilusiones acuáticas y aéreas,
la belleza de un trazo que no existe sino para mí.

Ahora sí, amarneciendo, el poema se acaba,
como la consumación de lo que fue un instante,
el recuerdo de nuestro existir
o, tal vez, sólo una forma de olvido.
 

A Miguel Ángel Andés, lienzo y poema, trágico y travieso.


Fotografía: Luis Miguel Uriarte (Embalse de Santillana, Manzanares El Real, 2014)

Texto: Luis Miguel Uriarte (De su libro Por caminos inciertos, Editorial Ópera Prima, Madrid, 2014)


Contacto: amarneciendo@gmail.com

martes, 23 de septiembre de 2014

Abismaluz (XI)



1975 para Amarneciendo

XI

parecemos existencia de otra parte
pero nunca estaré allí acariciados
intrusos en la hembra es ahora
viril de sombra abierta definitiva


Poesía: Miguel Ángel Andés, Abismaluz 1971
Dibujo: Miguel Ángel Andés, Bloc de dibujo 1975


Contacto: amarneciendo@gmail.com

sábado, 20 de septiembre de 2014

Miki: escena primera



MIKI: ESCENA PRIMERA

AÑOS SETENTA DEL SIGLO PASADO

Una delgadez romántica se encuadraba dentro de un cuerpo longilíneo propio de un personaje civil de El Greco. Su rostro se componía de los elementos propios de un místico urbano. La cara,  enmarcada por una melena fina y lacia que él se recogía detrás de las orejas cada vez que dilataba una respuesta a un interlocutor incómodo, se precipitaba en unos ojos de fuego cuando la vida se le encaraba con su vaivén de realidad.  Con el paso del tiempo había permitido que, desde el mentón,  le surcaran unos  hilos  pilosos  que  nunca tuvieron la acepción de barba y que sombreaban su piel un tanto cetrina.  Todos sus miembros afirmaban la voluntad de longitud y finura propia de su altura, coagulándose  en unas manos maravillosas por su expresiva gestualidad que le dotaban de una puesta en escena subyugante.

La instantánea que mejor le podría representar en esos años, estaría condensada en una mesa de mármol con un café con leche prácticamente consumido y con restos derramados cuidadosamente sobre una servilleta con el logotipo del local, que bien podría ser el Buffet Italiano.  Estas  manchas facilitarían  a  sus  bolígrafos  el esbozo inicial de una nueva cara de muchacha en flor. Quizás, algo apartado, descansaría un cuaderno de espiral, fechado en su portada, que contendría el dibujeo de las últimas semanas y descubriría por debajo una edición fatigada del Zibaldone de Leopardi
     
Las miradas fugaces de los gotosos camareros hacia ese habitual del local, que a duras penas encargaría dos tazas de café a lo largo de la mañana, desprenderían el encono que ese ocio desafiante del personaje les producía. Consumida la mañana, también a él, le llegaba la hora en que tendría que saldar sus cuentas con la realidad exterior y dar por concluido su trabajo en esa oficina tan particular. 

Lentamente enfilaría la calle de El Príncipe para dejarse caer hacia el barrio de la manolería donde un plato de cuchara le estaría esperando en un quinto sin ascensor, permitiéndole encarar la atardecida con todos los deberes sociales hechos.

Con la solana estival todavía recalentando el techo de su habitación, se dejaría caer por Caravaca hasta apurar Ave María con Santa Isabel, echándose al coleto el primer café de la noche en  el tabuco medianero con el  Cine Doré. Miraría con curiosidad el cartelón anunciando el  programa doble de la semana con el que a veces se permitía detener el tiempo, valorando si el papel estelar de Sarita Montiel en Yuma le proporcionaría ese remanso de paz en que lamerse las heridas de algún rifirrafe familiar. Una  vez  descartada la promesa de las carnes turgentes de la diva, decidiría el programa nocturno haciendo el flanêur por su zona habitual.

Acaso alguien le reconocería en la puerta de El Ateneo y lo  seduciría para unos vinos que empezarían en Santa Ana y acabarían en unos churros con chocolate en La India de Montera, ya madrugada la noche. En esa última parada y rodeado  de  habituales,  acallaría  la  cháchara del  local con el recitado de algunos versos de su querido César Vallejo,  produciendo el silencio inmediato en  las  mesas circundantes para, ya  sin  pausa,  enlazar con los poemas  que durante la siesta de esa tarde se le habían revelado.

Pasadas las tres de la madrugada el sereno venido de los prados asturianos haría sonar su chuzo en el umbral del café, propiciando la salida de todos esos parroquianos  renuentes a concluir la velada.

Alguna sombra, que en el mejor de los casos viviría por el Portillo de Embajadores, se le colgaría del brazo y le encaminaría  hacia los barrios bajos,  caminando sobre el adoquinado,  aún mojado, y la mirada de los barrenderos soñolentos que despachaban su penúltimo pito.

No sin dificultad alcanzaría la oscuridad de su cuarto con el plato de tortilla con pimientos que siempre le esperaba en la cocina,  produciéndole una reconciliación instantánea con su entorno familiar. Todo ello haría posible dedicarle unas horas a ese óleo que se le resistía desde hacía varias semanas. 

Ya amarneciendo, las primeras luces iluminarían la figura  del poeta pintor, reclinado en su cama en la misma posición en que se encontró a Thomas Chatterton un día del mes de agosto de 1770.




Texto: Guillermo Álvarez (julio de 2014)

Imagen 1: Foto del álbum familiar de Miguel Ángel Andés (1973)

Imagen 2: Cuadro "La muerte de Chatterton" por Henry Wallis (1856). Wikipedia.  


Contacto: amarneciendo@gmail.com